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Sepulcros blanqueados, los llamó Jesús.




Y se trata de eso, de ropajes externos que esconden la maldad que fermenta en su interior.

De allí, su primera característica: la hipocresía.

Hasta minutos antes de ver caer hechas trizas una a una sus mil caretas, lo vimos vociferar con su indolencia proverbial, como siempre, mancillando honras al antojo de sus cálculos políticos.

Convirtió la dignidad humana de sus rivales en el barro con que fue amasando los peldaños que utilizó para acomodar, con delectación morbosa, las mentiras detrás de las cuales escondió celosamente su verdadera condición personal.

La filmación no da lugar discusiones. Las palabras sobran.

Petro filmado, en una escena mafiosa, contando los gruesos fajos de billetes que le entrega un contratista y que, después contarlos con sus propias manos, él mismo los guarda en una bolsa plástica, como escondiendo sus vergüenzas.

(Al final de este artículo puede ver el video)

Que Petro denunció a corruptos. Sí, pero con la inhumanidad con que jamás lo hubiera hecho una persona de bien.

Nunca, y que esto nos sirva de lección, nos es dado fulminar la dignidad humana de nadie. Ni la naturaleza ni el tamaño de la contradicción que nos aleje de alguien, ni el grado de nuestra propia indignación, ni, aún, la justeza de nuestras causas, nos da el derecho de masacrar moralmente a nadie como lo ha hecho él con todos cuantos se le han atravesado.

Pero Petro también mancilló la honra de muchos inocentes, y lo ha hecho muchas veces, con premeditación y gusto, como lo hizo con los funcionarios de Bogotá que venían de las administraciones anteriores a la de él, a quienes amedrentó mediante los grupos de contrainteligencia que montó, como si se tratara de funcionarios corruptos por el solo hecho de no pertenecer a sus huestes.

Así como no ha tenido reparos en ofender a la mayoría de los colombianos cuando los señala de esclavos e ignorantes por el hecho de no haber votado por él y, de paso, gradúa de ciudadanos libres a los que sí lo hicieron.

Así como en su estrategia progrefascista nunca ha reconocido a nadie como su contradictor y, en cambio, a todos los ha maltratado como a enemigos.

Así como tampoco tuvo el mínimo ético con la memoria de Pizarro cuando, en sus libros y entrevistas, mintió diciendo que Carlos era el guerrerista del M-19 y que la paz se hizo gracias a él, cuando la verdad es que fue Carlos quien, de principio a fin, abrió y cerró las negociaciones de paz con el gobierno de Barco, trayendo la paz del M-19. No está de más aclarar que Petro no fue una persona importante ni influyente en el M-19.

Lo importante de este nuevo capítulo de la corrupción es que sirve de referente para que los ciudadanos, y sobre todo los jóvenes, aprendan a descifrar el perfil, el lenguaje y el instinto del fariseo.

Y es muy importante, además, porque más allá de las diferencias ideológicas y políticas, más allá de los modelos económicos y sociales que tengamos en la cabeza como soluciones a nuestros problemas, al final de todo, en lo que ha sido y será la historia, la lucha por la justicia y la libertad siempre será contra el fariseísmo.

Esperemos que esta nueva lección nos ayude a multiplicar, de verdad, las ciudadanías libres… cuando menos, libres de engaños e hipocresías.




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