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En medio de las preocupaciones que surgieron a propósito de los rumores mediáticos sobre una eventual decisión politizada e ilegal de la Corte Constitucional en relación con las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, saltó al ruedo, una vez más, la idea de la Constituyente para reformar la Justicia.


Y no era para menos.

La versión que difundieron los medios “como un hecho”, y que no era otra distinta a que la Corte le respondería a Alejandro Chacón, presidente de la Cámara, acogiendo las tesis del procurador Carrillo y de César Gaviria, rapándoles con ellas las competencias constitucionales al presidente Duque y al Congreso, hubiera puesto al país en un escenario institucional de crisis casi inmanejable.

En medio de la alarma algunos trajeron la constituyente al debate en clave de advertencia más que en clave de propuesta; la esgrimieron con la intención de mostrarle los dientes a las cortes, más que desde la convicción de que la constituyente es el camino para tomar en serio la reforma a la justicia.

Claro, desde el lado antigubernamental no dejaron de revirar quienes reducen la constituyente a una supuesta conspiración uribista, olvidando el hecho básico de que se trata, por excelencia, de uno de los instrumentos universales de la soberanía popular.

Lo cierto es que la discusión sobre la constituyente es un tema que trasciende los avatares de la coyuntura.

La sociedad es consciente de la grave crisis de corrupción e ineficiencia que degrada a las instituciones de justicia, al punto que ya son percibidas como otro de los peligros que amenazan la convivencia y la tranquilidad ciudadanas.

El congreso y los partidos han demostrado, con la frustración de más de cuarenta iniciativas, su incapacidad para adelantar la reforma profunda que se requiere. Sencillamente, sin constituyente no hay reforma a la justicia.

No hay que caer en la trampa progrefascista de que la democracia es populismo, y que consiste, esta vez, en burlarle al pueblo su derecho a la justicia con el fin de defender a capa y espada a sus magistrados ideológicos.

Está vivo el proyecto de constituyente que presentó la exsenadora Viviane Morales, que está aprobado en primer debate y que es retomable en este período legislativo.

Sólo se trata de voluntad política y del compromiso con una nación que clama a gritos por su justicia.
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