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El periodista del New York Times escribió su artículo con bastante mala fe, pero sobre todo con un desconocimiento craso de la naturaleza y la magnitud actuales de las economías ilegales y del crimen que proliferan imponiendo su esclavitud en extensos territorios de nuestros campos y ciudades.

Claro, esto no tiene por qué sorprendernos.

Para nadie es un secreto que en los últimos años ha venido creciendo una “escuela” de periodistas que se han especializado en pontificar sobre todo cuanto ignoran.

Eso si, casi nunca ingenuamente. Los más de los casos se esmeran haciéndolo mandados por sus patrones económicos, por sus devociones ideológicas o por sus antipatías viscerales.

Lo que si preocupa, y bastante, es el hecho de que todo haya surgido por la “filtración” que hicieran unos altos oficiales, según se afirma en el artículo, de unos formatos operativos del ejército que terminaron siendo manipulados en el escrito.

En síntesis, lo que el artículo pretende argumentar es que se está gestando una política gubernamental de falsos positivos a propósito de las exigencias operacionales del alto mando.

Lo que no entiende el periodista es que a los colombianos nos urge que las fuerzas militares recuperen su capacidad de enfrentar a las organizaciones armadas del narcotráfico, la minería ilegal y la devastación ecológica que nos invaden.

Lo que no entiende el periodista es que la recuperación del accionar militar por parte de las fuerzas militares es precisamente para liberar a las comunidades que viven sometidas a la esclavitud por el terror que siembran esas bandas ilegales.

Lo que no entiende el periodista es que hemos tenido que llegar a hablar de “recuperar” su capacidad militar porque lo que hizo el gobierno Santos fue convertir a la fuerza militar en otra ONG de las que tanto se rodeaba. A veces da la impresión de que tuvieron más éxito en desmovilizar al ejército que a las Farc.

Me da pena con el periodista, pero intentar la especie de que Duque y su gobierno están conspirando una política de falsos positivos es sencilla y llanamente estúpido. Basta conocer mínimamente la condición humana de Duque para saber que el argumento del New York Times es un adefesio.

¡Pero ojo!!!, los que si saben a ciencia cierta que el cuento de los falsos positivos de Duque es mentira, son los altos oficiales de ejército que le “filtraron” las cosas al periodista.

¿Quiénes fueron? ¿Por qué lo hicieron? ¿Para quién trabajan realmente?

Voy a exponer, tan sólo, la más venial de mis hipótesis.

Digamos que esos oficiales han sido captados ideológicamente por quienes no comparten las orientaciones del nuevo gobierno.

Digamos que esos oficiales, por convicción, han decidido sembrar en las fuerzas militares la “polarización” que se vive en las altas cortes, en el Congreso y en los medios.

Digamos que fue por “convicción” que esos oficiales decidieron el acto de deslealtad más inmoral contra su presidente y sus mandos directos.

Pero tampoco puedo dejar decir que si el presidente Duque y el comandante del ejército se dejan hacer esa... como dirían los abuelos: “apague y vámonos”.

Miren lo que nos está costando a los colombianos haber permitido que la “polarización” se apoderara de las altas cortes, por ejemplo.

Permitir que la “polarización” se apodere de las fuerzas militares es sencillamente suicida.

¿No basta el ejemplo venezolano?

Esos oficiales desleales al presidente, a sus compañeros y a su institución deben salir rápida y públicamente... para que no quepa duda.

De lo contrario, repito:

- Apague y vámonos
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